26 jun. 2015

El arte de vivir

“Yo quiero, yo hubiera, allá cuando quise…y quién termine siendo”. 

Música para acompañar: Una palabra - Carlos Varela

 Hace unos días, mientras viajaba en el transporte público, fui testigo de las constantes quejas de una “pobre cristiana” –regionalismo muy típico de México, que refiere a una persona en pena o en queja–, quien argumentaba lo siguiente: “No sé porque la vida me trata tan mal, si cada día me esfuerzo…pero si hubieras visto a fulanita comprarse cosas tan caras y yo, batallando para comer”.
Por si fuera poco, esta curiosa cristiana no hablaba en un tono moderado, sino que se expresaba con todo y las “bocinas que traía incluidas” –expresión usada en personas que gritan en vez de hablar–. Fue entonces cuando me pregunté ¿cuántas personas al día se quejan, se comparan o se minimizan por una u otra cosa? 


Ilustración por Vannesa Cortés
Con ello, recuerdo que en alguna ocasión escuché decir a una profesora lo siguiente: “el universo conspira a tu favor” (palabras de un autor conocido y de fans devotos). Sin embargo, si me pongo a analizar la cita, aquel plano astronómico no va a bajar, escuchar tu pena y por sus medios tratar de hacerte feliz (así de literal se lo toma la gente, nótese mi sarcasmo).

Pongamos un ejemplo: «Jin Haixia y Jia Winqi, son dos inseparables amigos que se enfrentan a una difícil tarea, todos los días de su vida; no obstante eso no los detiene en lo absoluto para seguir adelante. Estos sencillos hombres residen en Yeli, un pueblo al noreste de China. Ambos recorren un arduo camino desde las siete de la mañana, con el fin de reforestar e impedir la erosión del suelo en el que habitan, así como las posibles inundaciones que en ocasiones, imposibilitan la actividad rutinaria de su pueblo. Sin embargo, estos no son solo los únicos obstáculos, pues Haixia nació ciego de un ojo y perdió el segundo en un accidente laboral, su amigo Wenqi perdió ambos brazos en un accidente con tan solo 3 años de edad». 

Las quejas como: “qué mala suerte me cargo yo’’, “¡Por qué no nací siendo rico!”, “¿Por qué no tengo el auto del año?”, “mi sueldo es miserable”, entre otras, pueden formar parte de algo inofensivo, pero al mismo tiempo pretencioso. Todos deseamos muchas cosas, pero esto no es malo. Al contrario, nos permite perseverar por alcanzarlas; la cuestión, es que no solo es desearlas, sino actuar para obtenerlas.

Imagen extrída de boredpanda: Haixia & Winqi
Empero de lo anterior, la resiliencia –capacidad para afrontar la adversidad y lograr adaptarse ante las tragedias, los traumas, las amenazas o el estrés severo– de estas dos personas les ha permitido usar la adversidad e incluso proveer de satisfacción… la existencia propia y de otros. En medida, somos capaces de poseer un tanto de ella y aunque es algo de lo que podemos aprender, nadie dijo que sufrir fuera ley universal. En palabras de Sidhartha Gautama: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento opcional”. La cuestión entonces sería ha “chingarle” (a lo mexicano). 

Muy probablemente estás esperando una fórmula concreta para aprender a vivir, y con menos sufrimiento. En especial, cuando se trata de mantener contento a la mente y al cuerpo; como anteriormente mencioné, no hay ley universal: depende de ti, de la cantidad de experiencias y el aprendizaje que vas adquiriendo de ellas. 
Diría mi querido abuelo en estos casos: 

“Todo tiene solución, menos la muerte; pues la vida es una y la parquita no espera cuenta, viene y te chingas”

¿Y apoco no? Porque no hay nadie que nos saque del agujero, sino nosotros mismos. Hasta aquí el post aventureros. Recuerda que si te ha gustado mi compañía por este lar, me permitas saber lo que pase por tus pensamientos, en tus palabras. Hasta el siguiente encuentro.



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